PARA
ENTENDER MEJOR.-
Thomas Kaulitz detestaba a Melody
Cartman porque había ayudado a su ex
esposa a fugarse con su amante.
Sin embargo, tras sufrir un accidente en un rodeo,
no tuvo más remedio que recurrir
a ella para que cuidara de sus tres hijos. A Melody
tampoco le entusiasmaba la idea:
los niños eran de la piel del diablo, y el mayor,
Guy, la odiaba porque la culpaba
del abandono de su madre. Para completar el
cuadro, las cosas se complicaron
aún más cuando Emmett salió del hospital y empezó
a sentirse atraído por ella...
CAPITULO 1.-
Melody Cartman nunca había
sentido el peso de la responsabilidad como ese día.
Era casi la una de la tarde, y su
jefe, Bill Kaulitz, que acababa de casarse, se iba
con su esposa, Kit, de viaje de
luna de miel, dejándola al frente de la oficina. Mientras
Bill hacía unas últimas llamadas
en su despacho antes de salir para el aeropuerto,
Kit conversaba con la joven en el
área de recepción.
-Vamos, mujer, anima esa cara -le
dijo- Sólo será una semana y, entretanto, Bruno
Walker administrará las cuentas
de Bill.
-¿Y le ha dicho eso al señor
Walker? –inquirió Melody, contrayendo el rostro. Era
un hombre con muy mal genio, y le
fastidiaba que no lo avisarán con anticipación de las
cosas.
-Palabra de honor -le dijo Kit
levantando una mano- Yo estaba delante cuando
Bill lo telefoneo.
-En ese caso supongo que puedo
respirar tranquila -murmuró Melody-. Cuando lo
conocí me pareció muy
agradable... hasta ese día que le llevé unos informes y lo
encontré bramándole a un tipo
malencarado. No pronunció una sola palabra malsonante,
pero daba verdadero miedo -dijo
esbozando una sonrisa que casi la hizo parecer guapa.
Kit se quedó observándola un
instante pensativa.
Melody era bastante alta y tenía
un aspecto algo rústico. Su rostro, redondeado
y salpicado de pequeñas pecas,
estaba enmarcado por largos mechones de un tono
castaño claro y mechas rubias, y
sus ojos pardos lo miraban todo con un aire amable.
No tenía mala figura, se dijo
Kit, y si se tomara un poco más de tiempo en arreglarse
podría resultar atractiva, pero
Melody casi siempre vestía amplios jerséis y
pantalones de colores que le
irían mucho mejor a una persona morena.
-A pesar de esa ferocidad que a
veces demuestra, Bruno es un buen tipo -le
aseguró-. De hecho, ese incidente
al que te refieres... bueno, aquel hombre era un
cliente que llevaba tiempo
acosando sexualmente a su secretaria. Por eso estaba
gritándole. Desde entonces no ha
vuelto a molestarla.
-Caramba -musitó Melody
sorprendida-. ¿De veras?
Kit asintió con la cabeza.
-Sólo saca el mal genio cuando es
necesario. En realidad es un hombre bastante
callado y solitario. No tiene más
familia que una hermana y un sobrino, y dicen que
jamás se le ha visto con una
mujer.
-No me extraña.
-¡ Mel! -la reprendió Kit,
frunciendo los labios-. No digas eso del pobre Bruno. Si lo
conocieras mejor te parecería un
buen partido. Es bien parecido inteligente... y rico,
además.
-En esta revista hablan de un
psicópata con esa misma descripción -replicó
Melody con humor, señalando una
revista sobre su mesa, que había comprado en el
supermercado.
Kit bajó la vista, y vio en la
página por la que estaba abierta unas cuantas fotos
bastante morbosas de un asesinato
reciente.
-¡ Dios!, ¿no me digas que eres
de esas que sigues los sucesos? -masculló
contrayendo el rostro con asco-.
¡Vaya fotos! Hay que tener estómago...!
-Creía que como detective
estarías acostumbrada a esas cosas -respondió
Melody enarcando ambas cejas.
Kit apartó la vista de la revista
y la miró.
-Los casos que llevo no son de
«esa» clase, gracias a Dios.
-Me alegro por ti. Debe ser
bastante desagradable tener que investigar
asesinatos. Pero no he comprado
el periódico por eso, sino por una dieta que viene.
-Tú no necesitas adelgazar, Mel
-le dijo Kit-. No estás gorda.
-No, supongo que sólo soy lo que
se dice una chica robusta -respondió la joven
con un mohín-. Ojalá tuviera una
silueta esbelta y delicada.
- Oh, venga ya... No hay nada de
malo en tu figura.
-Eso es lo que me dice todo el
mundo, pero...
Justo en ese momento se oyeron
voces de niños en el vestíbulo, y entraron en la
oficina Thomas Kaulitz, un
ranchero de San Antonio, primo de Bill, y sus tres
hijos: Guy, de diez años, Polk,
de ocho, y Amy de siete. Los chiquillos iban vestidos con
disfraces de indios y maquillados
con pinturas de guerra. Guy se quedó junto a su
padre, mirando a Melody con odio,
pero Amy y Polk fueron corriendo a su lado.
-¡Hola Melody, hola Kit! -las
saludaron.
-Hola, niños. Me alegra volver a
veros -los saludó Melody con una amplia sonrisa-.
¿Y esos disfraces?
-Nos los compró papá para que
saliéramos con él en el desfile del rodeo esta
mañana -le explicó Amy muy
orgullosa-Queríamos ir también esta tarde, pero, como
papá va a participar en varios
números, nos ha dicho que no puede estar pendiente de
nosotros y que tendremos que
quedarnos en el hotel.
-Y esta tarde termina el rodeo
-intervino Polk -, así que mañana volvemos a casa.
Papá va a ir ahora al aeropuerto
a sacar los billetes con Guy, pero Amy y yo no
tenemos ganas de ir. Por eso le
hemos pedido que nos trajera aquí contigo. ¿Nos dejas
quedarnos, Melody?
-Nos portaremos muy bien -le
aseguró Amy- Si nos dejas ver la tele, nos
sentaremos y no te molestaremos.
¿Podemos?
Melody miró a los dos niños,
considerando la cuestión. Polk se parecía a su padre,
aunque no tanto como Guy, muy
alto para su edad, rostro delgado, cabello oscuro, y el
mismo carácter indómito que
Thomas Kaulitz. Amy, en cambio, recordaba más a su
madre, Adell, aunque sus ojos,
igual que los de sus hermanos, eran cafeces como los de
su padre.
Adell había abandonado a su
marido hacía un año, fugándose con Randy, el
hermano de Melody, y Thomas
detestaba a la joven por haberlos encubierto y
ayudado. Finalmente el ranchero
había aceptado divorciarse de ella, más por despecho
que otra cosa, pero no había
perdonado a Melody. La joven al principio se había sentido
intimidada por él, pero se había
prometido a sí misma que no iba a consentir que
siguiera atemorizándola.
-Eres la última persona con quien
los dejaría, pero llevan toda la mañana
imposibles -le dijo el ranchero
en un tono gélido.
Melody enarcó una ceja.
-¿Debo suponer que eso es una
petición formal para que cuide de ellos? -inquirió
con una sonrisa forzada.
Los ojos cafeces de Thomas la
escrutaron relampagueantes.
-Sí -farfulló finalmente.
-Pues no has dicho la palabra
mágica.
Thomas apretó la mandíbula y
pareció querer fulminarla con la mirada.
-¿Te sería mucha molestia
quedarte con ellos... «por favor» -masculló.
-En absoluto -respondió ella
satisfecha ante su pequeña victoria-. Amy y Polk
pueden quedarse hasta que Guy y
tú regreséis.
A Thomas no le gustaba aquella
expresión desafiante en sus ojos ni aquella
sonrisilla burlona. Pero no tenía
más remedio que tragarse su orgullo con tal de que le
hiciera el favor.
-Bien siempre y cuando no los
incites a fugarse... -le dijo sarcástico.
No iba a dejar que la hiriera se
dijo Melody. No iba a permitir que la hiciera
sentirse culpable, que le
remordiera la conciencia. Apartó la vista y de pronto sus ojos
se fijaron en la revista sobre su
mesa despertando un recuerdo en su memoria algo
que Kit le había contado acerca
de que Thomas se ponía enfermo sólo con que alguien
hablara de cosas sangrientas.
Tomó la revista alzó el rostro
hacia el ranchero y esbozó una dulce sonrisa.
-¿Has leído esta noticia sobre
«el asesino del hacha» Thomas? -le dijo plantando
la morbosa foto ante sus
arrogantes narices.
El se puso amarillo.
-¡Maldita seas! -masculló antes de
ponerse la mano en la boca y salir corriendo al
cuarto de baño.
Melody, Polk, Amy, y Kit se
echaron a reír, pero Guy los miró furibundo y se fue
detrás de su padre.
-Era verdad aquello que me
dijiste de que tiene un estómago de cristal -le dijo
Melody a Kit.
Ciertamente era increíble. Nunca
hubiera imaginado que ése pudiera ser el punto
débil de aquel hombre que se las
daba de duro. Era una de las muchas paradojas que
rodeaban al ranchero y que, de no
estar enemistados, probablemente la habrían
fascinado y la habrían hecho
querer conocerlo mejor. Dejó la revista de nuevo sobre la
mesa, diciéndose que no sería
mala idea guardarla para usarla en defensa propia si a
aquel bruto insensible le daba
por meterse otra vez con ella.
-Poneos cómodos, niños -le dijo a
Amy y a Polk, señalándoles unos asientos junto
a un pequeño televisor.
-Ése ha sido un truco sucio, Mel
-le dijo Kit riéndose aún.
-Se lo merecía -masculló la joven
cuando los niños se hubieron sentado y
hubieron encendido el aparato.
Dirigió una mirada a la puerta de los servicios, como si
estuviese segura de que Thomas
estaba allí agazapado, esperando para saltar sobre
ella si se atrevía a acercarse-
Ese bestia arrogante...
Kit estaba todavía tratando de
contener la risa cuando Bill salió de su
despacho.
-¿Quién es un bestia arrogante?
-inquirió pasando un brazo cariñosamente por la
cintura de su esposa. Entonces
reparó en la presencia de los chiquillos frente al
televisor-. Vaya, Amy, Polk...
¿cómo es que estáis aquí?
-Papá nos va a dejar con Melody
mientras él y Guy van al aeropuerto -dijo el
chico.
-Sí, pero Melody ha hecho que se
ponga enfermo y ha tenido que irse corriendo
al baño -añadió Amy.
-Mel, Mel... ¿Qué es lo que le
has hecho a mi pobre primo? -le preguntó Bill
divertido.
-Eso de «pobre» es discutible
-respondió la joven con una cómica mueca.
-Las mujeres tenemos nuestras
armas secretas -le dijo Kit con una sonrisa a su
esposo- sobre todo cuando se trata
de gente como tu primo Thomas.
Bill se rió, y tendió un papel a
Melody.
-Si hubiera algún problema y
necesitaras ponerte en contacto conmigo, llámame a
este número, ¿de acuerdo? - La
joven asintió con la cabeza mientras lo tomaba.
-Tranquilo, prometo hacerlo sólo
si es algo importante y no os preocupéis, me las
apañaré.
-Bueno -murmuró Kit, mirando su
reloj de pulsera-, es hora de irnos. Cuídate,
Melody.
-Lo haré. Pasadlo bien.
-Gracias -dijo Bill- y no dejes
que mi primo se aproveche de ti de esta manera.
Eres mi secretaria, no su niñera.
Justo en ese momento salía Thomas
del cuarto de baño, seguido de Guy. Tenía un
aspecto terrible, con el rostro
pálido y sudoroso.
-¿Por qué le has hecho eso a mi
padre? -le espetó Guy furioso a la joven.
-Mira quién fue a hablar -replicó
ella, cruzándose de brazos-. Kit me contó que
vosotros se lo hicisteis una vez.
-Sí, pero nosotros somos de su
familia. ¡Y tú no!
-Sí que lo es -intervino Amy
contrariada-. Es nuestra tía, ¿a qué sí, papá?
Thomas miró a Melody como si
fuera a matarla.
-Volveré a las dos a por los
niños -le dijo.
-¿A que es nuestra tía, papá?
-insistió Amy.
-No es nuestra tía, es nuestra
tía política -le respondió el inteligentísimo Polk,
subiéndose sus gafas redondas.
-¿Qué es una «tía política»,
papá? -preguntó la niña, poniéndose de pie y yendo a
su lado.
Parecía que Thomas fuera a
explotar en cualquier momento.
-Vámonos, Guy -le ordenó a su
hijo mayor-. Que tengáis un buen viaje de luna de
miel -le dijo a su primo Bill y a
Kit-. Todo eso del amor y el matrimonio no es más
que un cuento -masculló entre dientes-,
pero que os vaya bien de todos modos.
-Es que, como mamá se fue y nos
abandonó -intervino Amy de nuevo, con esa
ingenua falta de delicadeza que
caracteriza a los niños- papá no quiere volver a
casarse, pero podría -añadió-.
Hay un montón de noches que sale con mujeres guapas.
Huelen muy bien y parece que a
ellas les gusta papá, porque se ríen todo el rato y lo
miran así, pestañeando mucho
-dijo imitándolas. Melody tuvo que taparse la boca para
contener la risa-, pero no sé por
qué, cuando nos conocen a Guy, a Polk y a mí, no
vuelven a venir a casa.
-Tonta -la increpó Guy, ceñudo-,
ésas no son mujeres para casarse. Son chicas
alegres -puntualizó, repitiendo
algo que había oído a unos compañeros mayores del
colegio, y empeorando la
situación.
Thomas se había puesto rojo como
un tomate; Bill y Kit no sabían dónde
meterse; y Melody estaba
disfrutando al ver la humillación del ranchero.
-¿Qué son «chicas alegres»?
-inquirió Amy, mirando a su hermano patidifusa.
-Lo mismo que los «hombres
alegres» -intervino Melody, dirigiendo una sonrisa
sarcástica a Thomas-, sólo que
ellas se saben más chistes.
Amy pareció aún más confusa, y
justo cuando iba a abrir la boca para hacer otra
pregunta, Kit se adelantó.
-Bueno, hora de irse. Thomas,
Bill y yo podemos llevaros a Guy y a ti, ya que
vamos al aeropuerto.
-Por supuesto -asintió su marido,
tomando del brazo a su furibundo primo-.
Vamos, Guy -le dijo al chico-
Hasta la semana que viene, Mel. Si tienes algún problema,
ya sabes, llámame. Ah, y si
pudieras repasar esos impresos de los que hablamos ayer...
-Lo haré una de estas tardes
después de cerrar, no te preocupes -le prometió
Melody- .De todos modos no tengo
ningún plan especial para después del trabajo esta
semana.
-Ya me parecía a mí que no podía
haber un hombre con el valor suficiente como
para sacarte por ahí -fue el sarcástico
comentario de Thomas.
Melody hizo ademán de echar mano
de nuevo a la revista sobre su mesa, y
Emmett le dirigió una mirada que
prometía venganza, antes de apresurarse a salir de
la oficina.
Después de que se marcharan, los
teléfonos estuvieron sonando un par de horas
casi sin parar, pero al cabo las
cosas parecieron calmarse, y sólo se produjeron algunas
llamadas más, aisladas, además de
la visita de algún que otro cliente para interesarse
por el estado de sus inversiones.
Los niños se portaron
sorprendentemente bien. De hecho, no se levantaron de
sus asientos frente al televisor
en toda la mañana, excepto para pedirle a Melody
monedas para la máquina de
refrescos, ya las dos, tal y como había dicho, Thomas
estaba de regreso para
recogerlos.
- No, ¿no podemos quedarnos un
poquito más? - protestó Amy- ahora van a
poner «El guerrero galáctico»
-No, no podemos quedarnos -le
dijo su padre-. Ahora vamos a ir al hotel,
comeremos, y os quedaréis con la
niñera mientras yo...
-¿Otra vez? -se quejó Guy con
vehemencia-. Odio a esa vieja bruja. No nos hace
falta una niñera, sabemos
cuidarnos solos.
-Sí, sabemos cuidarnos solos -lo
apoyó Amy-. Dile que no venga, papá.
-¿Y que al volver me encuentre
con que habéis inundado el cuarto de baño, como
la última vez? - dijo Thomas,
enarcando una ceja. Los niños se miraron unos a otros
con cara de culpabilidad-. Más os
vale portaros bien hoy con la señora Johnson, me
cuesta más de veinte dólares la
hora. Ya sólo me queda la actuación de esta tarde en
el rodeo, y mañana volvemos a
casa, así que nada de quedaros viendo la televisión
hasta tarde: a las nueve en la
cama, ¿entendido?
-¿ «A las nueve»? -repitió Polk,
como si fuera la mayor injusticia del mundo.
-Sí, Polk, a las nueve. Hay que
levantarse temprano para tomar el avión. Cuando
vuelva, más vale que estéis
acostados.
-¿No crees que deberías dejar ya
lo de los rodeos? -le dijo Melody sin mirarlo,
mientras archivaba unos papeles-.
Tengo entendido que es bastante peligroso, y
además, con tres niños
pequeños... si te pasara algo...
Thomas la miró irritado.
-Nadie me dice cómo tengo que
criar a mis hijos, y participar en un rodeo sólo es
peligroso si se es temerario o
descuidado, y yo no soy ni una cosa ni otra.
Y era cierto. Melody lo había
visto en varias ocasiones, y era increíblemente
habilidoso sobre un caballo. La
joven era bastante aficionada a los rodeos, pero, por su
hostilidad con Thomas, siempre se
lo había ocultado.
-Gracias por dejar que nos
quedáramos contigo, Melody -le dijo la pequeña Amy.
Melody le dedicó una amplia
sonrisa. Era imposible no encariñarse con la chiquilla,
tan dulce y afectuosa, a pesar de
su espíritu travieso.
Thomas vio aquella sonrisa y
sintió como si un extraño cosquilleo lo recorriese de
arriba abajo. Nunca hubiera
imaginado que una sonrisa pudiera iluminar de ese modo un
rostro, otorgándole de pronto una
belleza tan radiante. Sin querer, sus ojos se
deslizaron por el cuerpo de la
joven, deleitándose a su pesar en las formas femeninas
y perfectamente proporcionadas de
su figura. Adell había sido siempre una espina de
pescado, en cambio Melody...
Thomas se abofeteó mentalmente
por la dirección que estaban tomando sus
pensamientos. Melody no era para
él nada más que una traidora, la persona que había
encubierto a su ex esposa y su
amante en su huida. Su hermano Randall y ella habían
irrumpido en su tranquila vida y
la habían destrozado y no sólo la suya, sino también la
de sus hijos. La odiaba por eso,
la detestaba.
-Nos vamos -le dijo a los niños
ásperamente-. Polk, no me hagas repetirlo -añadió,
viendo que su hijo menor seguía
sentado absorto frente al televisor.
Polk se levantó con un suspiro de
resignación. -Ya voy, ya voy... -dijo apagando el
aparato, y yendo hacia él
arrastrando los pies.
-Os espero fuera -farfulló Guy,
saliendo por la puerta sin despedirse de Melody.
-Guy te odia -le dijo Amy a la
joven, con su brusca franqueza infantil- pero a mí
me caes bien.
-Y tú a mí -le contestó ella,
besándola con ternura en la frente.
-Adiós, Melody -se despidió Polk,
tendiéndole la mano, tan formal como siempre-.
Hasta que nos volvamos a ver.
-Espero que sea muy pronto
-respondió ella, estrechándole la mano entre suaves
risas-. Em... Que tengáis... buen
viaje -le dijo a su padre mientras los acompañaba a la
puerta.
Aquella muestra de buena voluntad
pilló al ranchero desprevenido, que se sonrojó
ligeramente, y sólo acertó a
balbucir incómodo:
-Sí, bueno, gracias por cuidar de
los niños.
-No tienes por qué dármelas. No
me han dado ningún proble... ¡aaay!
Thomas se giró, pero tuvo que
bajar la vista para ver qué le había ocurrido a la
joven: había caído de bruces al
suelo, y la causa era un tomahawk de juguete con el que
había tropezado.
-Dios, no me he roto los dientes
de milagro -masculló apoyándose en los codos
para incorporarse.
El vaquero recogió el tomahawk,
la ayudó a levantarse, tomándola de la mano, y
miró reprobador a sus dos hijos
pequeños.
-¿Cuál de los dos ha dejado esto
por ahí tirado?
Amy dio un paso adelante con
expresión compungida.
-Es mío -musitó, contrayendo el
rostro- Cuando volvamos a casa puedes atarme
a una silla en el sótano con la
luz apagada, y dejarme todo el día sin comer -dijo
imponiéndose su propia
penitencia, con un suspiro de lo más teatral- pero no
pretendía hacerle daño a Melody,
te lo aseguro, papá.
Thomas, perplejo, puso los brazos
en jarras y miró a la niña con el ceño fruncido.
-¿Cuándo os he encerrado a
ninguno en el sótano y os he tenido sin comer?
La niña se quedó pensativa un
instante.
-Bueno, nunca, pero ha sido el
peor castigo que se me ha ocurrido -murmuró.
Melody, que se había quedado
aturdida por el breve contacto de su mano con la
de Thomas, no pudo menos que reírse.
-Está bien, Amy, sé que no lo has
hecho a propósito -le aseguró. Se volvió hacia
su padre-. Estoy perfectamente,
no le riñas. Los niños son sólo eso, niños -le dijo,
encogiéndose de hombros.
Thomas estaba empezando a
sentirse cada vez más incómodo ante esa actitud
conciliadora de ella y, en
consecuencia, volvió a comportarse como un puercoespín.
Ignorándola por completo, se
volvió hacia sus hijos y le devolvió el tomahawk a la niña.
-Nos vamos -les dijo en tono
imperativo-, y, Amy -añadió sin poner demasiado
énfasis, como si no tuviera
importancia-, la próxima vez ten más cuidado con dónde
pones esa cosa.
Melody lo miró irritada.
-En la nuca de tu padre sería un
buen sitio - masculló, cruzándose de brazos.
Thomas le dirigió una mirada
furibunda.
-Amy, no has oído eso -le dijo a
su hija y salió con los niños, cerrando la puerta
tras de sí.
Melody volvió a sentarse frente a
su escritorio en medio del repentino silencio
que se había hecho: ningún
teléfono sonando, ni el ruido del televisor, ni niños
riéndose... De pronto la oficina
y su vida le parecieron más vacías que nunca.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL PRIMER CAPITULO ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS :))
BIENVENDAS
Sigueee
ResponderEliminarSon geniales pero no podes hacer una adptacion con un tom mas adolescente o un tom universitario?
ResponderEliminarMe encantooo virgi esos niños son una tremendura, Melody y Tom se atraen jajaja ya me muero x leer el cap donde se dan su primer beso jejeje espero el próximo cap..
ResponderEliminarSigueee
ResponderEliminarYo recien leoooo!
ResponderEliminarNo he tenido tiempo,pero siguelaaa :)